Armonía
Nieva sobre los cuerpos
desarraigados de la tierra,
anclados en conceptos
que cambian. Y nunca son
lo que parecieran.
Sobre la fina hierba,
la vida y los copos muertos.
En su quietud esperan
con los brazos abiertos
que la naturaleza lance
otra diatriba.
Bailando en su caída
el blanco llega al alcance
de mis manos.
Liviano, parco, indiferente,
borra el rastro de la escasez.
Y todo, nada, yo
soy el liviano adagio
de la ingravidez.